San Lorenzo

6

3

San Lorenzo: 6

Huracán: 3

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Torneo: 1959
Condición: Local
Fecha: 8 noviembre 1959
Director Técnico: Barreiro, José

Eventos del Partido:

13' Gol Rival Diz, José Alberto  
26' Gol Boggio, Norberto  
44' Gol Sanfilippo, Jose Francisco  
51' Gol Boggio, Norberto  
55' Gol Rival Soria, Juan Carlos  
60' Gol Rival Diz, José Alberto  
64' Gol Sanfilippo, Jose Francisco  
73' Gol Sanfilippo, Jose Francisco  
78' Gol Boggio, Norberto  

Planilla:

Dorsal Minutos jugados
None
Carrillo, Jose Titular 84'
None
Cancino, Humberto Titular 84'
None
Iñigo, David Carmelo Titular 84'
None
Martina, Raul Titular 84'
None
Reynoso, Guillermo Cesar Titular 84'
None
Schiro Norberto Anildo Titular 84'
None
Facundo, Hector Osvaldo Titular 84'
None
Ruiz, Miguel Angel Titular 84'
None
Garcia, Omar Higinio Titular 84'
None
Sanfilippo, Jose Francisco Titular 84'
None
Boggio, Norberto Titular 84'
None
Gioffre, Antonio Santos 0'

Partido Suspendido a los 84 por invasion del publico. ¿Bajo qué ley estamos? Otra vez el domingo, ahora en San Lorenzo como el anterior en Ferro Carril Oeste, se dio el caso de que el partido no pudiera concluir por la invasión, afortunadamente pacífica, festiva, jubilosa, de un público que deseaba exteriorizar su justificada alegría del grito "campeón". Faltando cinco minutos para cumplirse el tiempo reglamentario, la impaciencia de los adictos a San Lorenzo de Almagro por festejar su conquista del campeonato desbordó en una simultánea invasión del campo de juego por todos los costados y todos los boquetes abiertos a sus afanes. Ese público pareció irresistible a la necesidad de esperar cinco minutos más, para iniciar el consabido ataque a las camisetas, botines, medias y en algunos casos hasta pantalones de sus ídolos. E imponiendo "su" ley, ese público dispuso que el partido terminara prácticamente allí. La policía ubicada en el interior del campo consideró injustificada —por el riesgo de inhumanizar una reacción en cierto modo muy humana de la alegría— la contención de esa avalancha ciertamente no fácil de contener por otros medios que no linden en la violencia. Y la hinchada impuso "su" ley. Una ley, por suerte, sana y bien humorizada en este caso. Pero una ley que también puede, de la misma forma que aquí se la aplicara para festejar, destinarse a la exteriorización del desagrado. Y el desagrado o la alegría de las hinchadas no puede seguir contando como única barrera de intercepción —vistos otros efectos menos pacíficos que los de estos dos últimos domingos— con estos débiles alambrados que ni la más fuerte policía puede fortalecer de otra manera que con la violencia de sus facultades represivas, recurso asimismo negativo para la imposición del orden dentro del desorden.